DEBATES PARA CONFRONTAR

-La Hoz y el Martillo- Monumento Comunista a Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo, Berlín 1926. Mies van der Rohe. / -Esvástica- Pabellón Nazi, Exposición Internacional de Bruselas, 1934. Mies van der Rohe.

Una mirada disyuntiva a la opinión de Manuel López y Óscar Tenreiro.

Una reflexión con ejemplos para desmontar pruritos y complejos; una conclusión más allá del territorio disciplinar; y una respuesta precisa para despejar incógnitas.

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A principios del siglo XX, en medio de las convulsiones políticas y sociales más estremecedoras, que conllevaron a las más crueles guerras y episodios nefastos de la historia contemporánea, tuvo su auge, el periodo de la arquitectura moderna considerada como la más influyente en nuestro accionar. Es decir, la arquitectura de los grandes maestros occidentales, que definirían los estamentos de lo que hoy rige ampliamente la forma de proceder de los arquitectos y aún mas, las estructuras que comportan nuestras ciudades.

Son conocidos numerosos ejemplos de esos arquitectos paradigmáticos, profusamente admirados y estudiados, que militaron manifiestamente en partidos políticos, o que estuvieron siempre cerca, relacionados con instituciones y factores de poder, o que directamente se vieron íntimamente vinculados con los gobiernos del momento.

En 1926, Mies van der Rohe, producto de una novel amistad con el filósofo Hugo Perls y distintos intelectuales y artistas identificados con ideas de origen soviético, diseñó y construyó el famoso Monumento Comunista a Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht en Berlín; y apenas unos pocos años más tarde, elaboró una propuesta, compitiendo para adjudicarse el diseño del Pabellón Nazi de la Exposición Internacional de Bruselas de 1934. Mies fue el último director de la Bauhaus, encargado por las autoridades de Dessau, a quien se le consideraba un simpatizante moderado de la doctrina del nacional socialismo, propagada durante la llegada de Hitler al poder. Pero además, es notorio su incansable esfuerzo a través de innumerables propuestas que presentó al régimen Nazi, con la intención de ganarse un lugar privilegiado dentro del estado, para impulsar su obra con vehemencia. En 1938 emigró a Estados Unidos donde tuvo una actividad sumamente prolífica dentro de la industria inmobiliaria capitalista, llegando a construir una cantidad impresionante de edificaciones motorizadas por el modelo positivista. En palabras de Stirling, según una conversación entre ambos casi al final de su vida, Mies se consideraba un reformista.

También es célebre en la vida de Le Corbusier, su gran apetito tras la pista de una figura política que lo llevase a poner en práctica sus planes de gran formato para la construcción de nuevas ciudades. Primero trató de conseguir el apoyo de Stalin, y de Musolini, pasando por varios lugares, hasta su primera aproximación en La India, bajó un gobierno de corte socialista moderado, que logró su independencia del imperio británico, donde finalmente materializó Chandigarh. Sin embargo, el hito más desafiante de su filiación con el poder se produjo a finales de los años 40s, cuando Le Corbusier fue nombrado consejero de urbanismo del gobierno colaboracionista Nazi en la llamada Francia de Vichy. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Le Corbusier se esforzó por desaparecer los rastros de su apoyo a la Alemania Nazi. Por mucho tiempo mantuvo un bajo perfil respaldado por intelectuales de la izquierda francesa, volviendo a desarrollar irrefutables obras.

Finalmente, abundan los casos más cercanos de nuestro contexto. Comenzando por Carlos Raúl Villanueva, el arquitecto más sobresaliente de la modernidad en Venezuela, quien realizó sin perplejidad, proyectos como la Plaza de Toros de Maracay encargada por el gobierno de Juan Vicente Gómez, y más adelante durante el mandato de Pérez Jiménez, la mayor parte de su obra más prominente. Lo mismo Cipriano Domínguez, Fruto Vivas, o Tomas Sanabria, dentro de otras ecuaciones.

La historia de la arquitectura y el poder político son indivisibles. Y precisamente el genio de estos especiales personajes, pasa por haber comprendido la beligerancia de sus acciones, sin falsos moralismos. 

No se trata de llegar a ser uno de ellos. Pero si de actuar con astucia, comprendiendo la estrategia que está detrás de semejantes convicciones. Arquitectura, ciudad, y por ende, su repercusión en la sociedad, por encima de las más duras y contradictorias circunstancias existentes.

Ninguno de ellos será juzgado de haber respaldado con su obra, las atrocidades cometidas por los gobiernos que le dieron soporte. La arquitectura transciende al poder de turno.

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En un momento de tanta incertidumbre, inmersos en la crisis estructural que atraviesa nuestra sociedad, que no es solo política, económica, de toda índole, sino también cultural y urbana, paradójicamente, ahora es cuando tiene más sentido desdoblar inmensos esfuerzos desde todas las direcciones para encontrar espacios intermedios de cohesión entre quienes estamos buscando deliberadamente construir un enfoque fuera de pócimas dogmaticas y nocivas.

Nuestra sociedad demanda urgentemente de esa congruencia. Una perspectiva alternativa de las esferas cerradas e inamovibles que solo pugnan por hacer prevalecer su diminuta y egoísta razón, negando toda capacidad de encuentro a través de los asuntos que nos acercan -muchos más que los que nos distancian- y que son la única respuesta constructiva ante la catástrofe corriente. Dos polos idénticos alienados por la violencia cada cual en contra de su diferente. Dos extremos igual de totalitarios y excluyentes de lo plural y lo diverso. Dos uniformes y dos camisas de fuerza, lo mismo absurdas que retrogradas.

Con razones, cuesta mucho esfuerzo contener la frustración y la impotencia acumulada, aún mas sabiendo que estamos en medio de la situación más drástica, y lo que es peor, agravándose. Pero a pesar de la cruda y punzante realidad, ya no se justifica mas el circulo vicioso. Es momento de actuar diferente, para llegar a un lugar diferente.

Estoy convencido de que cualquier posición, por mas ideológica o política, bien edificada y bien formada, indistintamente de la corriente de pensamiento que la movilice, puede defender con propiedad y altura sus postulados sin negar y menos avasallar la existencia y la validez del otro, de los otros. En ese punto es donde radica el verdadero significado de la -política-. El arte de construir relaciones.

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Durante las últimas semanas, el Museo de Arquitectura de Caracas, ha realizado sucesivos encuentros virtuales, intentando someter a discusión diversos tópicos en torno a la arquitectura y la ciudad, lógicamente. Precisamente en uno de los más recientes, tuve la ocasión de participar como ponente junto a otros estupendos colegas, tan diferentes, como Franco Micucci y Héctor Rangel. -Está grabado y es público en el canal de Youtube del museo-

Al final de ese encuentro, algunas veces controvertido y otras compatible entre posturas divergentes -cómo es habitual en un debate-, su director actual, el arquitecto Alejandro López, en evidente actitud desprejuiciada, abrió la posibilidad de plantear nuevas actividades de ese tipo, que surgieran desde la iniciativa de actores al margen del mismo Musarq.

A partir de ese supuesto, accedí a proponer y organizar en primera persona el último debate acontecido, y los dos próximos por darse el miércoles 05 y el viernes 07 inmediato, Agosto. Bienales, Comunidades, y Docencia, respectivamente. Con sus aciertos y equivocaciones, desde la más transparente intención. -Los enlaces son públicos y están disponibles para entrar libremente-

En los últimos días he estado presente en múltiples foros de discusión, impulsados por las más disimiles plataformas y grupos. Algunas veces como panelista, desde el debate del Musarq, hasta una entrevista con el respetado profesional -y me atrevo a llamar, amigo- Esteban Tenreiro; o como espectador en actividades de la Fundación Espacio y de la organización Arquitectura Venezuela, entre otras, siempre con la intención de amalgamar formas de pensar y accionar particulares, pero complementarias.

A todos los colegas, amigos, conocidos y desconocidos, que se han inmiscuido en los debates del Musarq y en otros tantos espacios desiguales o antagónicos; a pesar de las circunstancias adversas, y reconociendo nuestras diferencias lógicas y naturales, espero que podamos, no solo seguir concurriendo a estos escenarios de dialogo y disputa, sino también amplificar nuestro intercambio por todas las vías posibles, para conversar sin temor, sin censura y sin recriminaciones, de cara a la transformaciones que tenemos por delante como sociedad, donde los arquitectos, sin duda, debemos jugar un rol determinante, por encima de las fronteras intransigentes que se resisten.

Marcos Coronel Bravo

Arquitecto. Profesor. Faber. Cofundador de pico colectivo.

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