Reivindicando la épica de los barrios auto-producidos: Aproximaciones desde San Agustín del Sur.

A la misma velocidad con que la industria de la producción inmobiliaria intercedió enérgicamente en los espacios más favorables del valle de la ciudad, contando con el aval y las concesiones del estado, apoyada en ingentes recursos bancarios y empleando los principales talentos individuales formados desde la universidad pública, los barrios de asentamientos populares crecieron en una proporción equitativa, sobre geografías intrincadas, teniendo la mas mínima beligerancia de las instituciones, absolutamente desprovistos de cualquier tipo de promotor financiero y con una presencia ínfima, residual, cuando no inexistente de herramientas técnicas.

Los barrios de favelas son un fenómeno intrínseco a un proceso de crecimiento orgánico que no parte de un proyecto previo, y que se desarrolla exclusivamente a través de los esfuerzos locales, en medio de una construcción que nunca termina. Un derivado de la imperiosa necesidad de tener un espacio de asiento, donde el arquetipo de la ciudad ”próspera” no es capaz de plasmar una alternativa.

-El Barrio- representa una demostración de la tenacidad para intervenir el territorio menos propicio de la ciudad, mediante la fuerza de sus pobladores. Comunidades que se han visto en la obligación de concebir todo el crecimiento físico por sí mismos, sin el respaldo de políticas públicas, y mucho menos capital inversionista. Sin expertos profesionales y sin conocimiento académico.

El Barrio es una epopeya social. Una lección de supervivencia ante la omisión del Estado y la distancia de la sociedad en general. El barrio es la obra de arquitectura más insólita de la ciudad.

En un exhaustivo ensayo del urbanista Newton Rauseo (2018) puede leerse: ”…los barrios populares materializaron una forma de crecimiento de la ciudad, basada en un diseño urbano propio, con espacios particulares, y con una arquitectura especial. Espacios físicos que han sido producidos por individuos y colectivos, que -teniendo como recursos: una voluntad inquebrantable, un esfuerzo corporal e intelectual, una libertad de aplicación creativa de sus saberes y costumbres constructivas tradicionales, la inversión de escasos recursos monetarios, la reutilización de materiales de construcción, etc.- han podido alcanzar la utopía de residir en la ciudad, pese a inmensurables carencias…” (1).

Por su parte, la arquitecta Teolinda Bolívar (1994), dedicada al estudio sobre la producción de los barrios urbanos, remarca: “Cuando observamos la ciudad capital, toman especial relevancia las colinas cubiertas de edificaciones de bloques de arcilla, cemento y techos de láminas, esa especie de murallas adheridas a los terrenos con pendiente, constituyen gran parte de los barrios. Otros casi no se ven, pues ocupan lechos de quebradas o intersticios entre otros tipos de edificaciones. En esos barrios vive cerca de la mitad de la población urbana venezolana. Sin entrar a describir su historia, podemos decir que éstos se han ido conformando poco a poco, en tiempos y territorialización que les son propios; de una cierta manera han legitimado su existencia, por la cuantía de los que no teniendo un hogar han construido ciudad, tornándose tal vez sin saberlo y sin quererlo, en una fuerza, a pesar de no tener poder real.” (2).

Perspectiva desde el Barrio Los Cocuyos, hacia el Barrio El Cementerio, Caracas. Foto: Madelaine Mendoza. 2019

En San Agustín, los barrios se ubican a lo largo de una formación montañosa de 1,7 kilómetros, siendo sin duda uno de los crecimientos más extensos de ciudad, solamente equiparable con otros barrios populares de Caracas, como los asentamientos populares de Petare, El 23 de Enero, o la inmensa conurbación de barrios en Catia.

La ocupación masiva de los cerros en San Agustín del Sur a partir de 1925, es producto de la expoliación de los trabajadores involucrados en la construcción de la Urbanización San Agustín del Norte, quienes obtuvieron los primeros terrenos en condiciones muy perniciosas, como forma de pago por parte de los promotores inmobiliarios y acreedores de los predios, donde hasta la fecha se emplazaban las haciendas agrícolas La Yerbera y Vegas Sur del Guaire.

Por estos años, Caracas ya comienza a experimentar los primeros movimientos de expansión, hacia una urbanización cada vez más drástica de la ciudad que demandó de abundante mano de obra, razón por la que habitantes del interior rural, vieron una oportunidad de progreso y trabajo en la capital. Conocido fenómeno, a causa del surgimiento de la industria petrolera en Venezuela. Es así como familias campesinas fundamentalmente provenientes del oriente del país, junto a migrantes de los Valles del Tuy, y comunidades afro-descendientes de la región de Barlovento en el Estado Miranda, se convierten en el contingente obrero destinado a edificar los cimientos de la urbanización San Agustín del Norte, al mando del ”Sindicato Prolongación de Caracas”.

”El reclamo de los obreros de la urbanización San Agustín del Norte fue lo que dio pie a la posterior construcción de la urbanización San Agustín del Sur, para el estatal Banco Obrero. Esta obra proporcionó vivienda solo para aquellos trabajadores de demostrada solvencia económica y empleo fijo. Pero los trabajadores en una situación más comprometida tuvieron que recurrir a la auto-construcción de sus viviendas, sobre parcelas (muchas obtenidas de sus patronos como pago por sus labores) en los terrenos Vegas Sur del Guaire… El territorio que ocupa los barrios pobres de los cerros hoy conocidos como San Agustín del Sur, inicialmente fue propiedad de los socios del Sindicato Prolongación de Caracas, quienes al poco tiempo de su compra, vendieron entre sus propios socios, y estos a su vez, a otros compradores, entre las décadas de 1920 y 1940.”(3) (Rauseo, 2018).

  1. Hacienda La Yerbera y Hacienda El Conde, divididas por la Quebrada Catuche (San Agustín del Norte), -Al fondo, El Nuevo Circo de Caracas recién construido, 1919 / 2. Pasajes de San Agustín del Sur, 1935 / 3. Casas del Banco Obrero en San Agustín del Sur, 1929 / 4. Tugurios en los Cerros de San Agustín del Sur. 1940

No cabe duda de que los barrios prevalecen por sus propios medios, y de que en ese proceso han desarrollado una condición particular, absolutamente diferente de las reglas que prescriben en la ciudad ”planificada”. Un sistema fundamentalmente abierto y susceptible de constante evolución, donde su composición anatómica da forma a la lógica de organización de múltiples articulaciones dentro de un trazado empírico. Una la malla rizomatica*, como un recubrimiento elástico que se acopla progresivamente sobre una superficie que no es el plano ideal, sino la topografía irregular y problemática.

Rizoma* es un concepto filosófico elaborado por los post-estructuralistas Gilles Deleuxe y Félix Guattari en 1980. Constituye la parte esencial del libro -Mil Mesetas-, una continuación de -El Anti-Edipo-, donde se sustenta la tesis de –un modelo organizativo en el que la disposición de los elementos existentes no siguen líneas de subordinación jerárquica, sino que cualquiera puede afectar o incidir sobre el conjunto, sin importar su posición recíproca-.

Dentro de esta obra, Deleuze y Guattari (2018) definen un conjunto de principios argumentando que ”El rizoma conecta cualquier punto con otro punto cualquiera. El rizoma es un sistema acentrado, no jerárquico y no significante, definido sólo por una circulación… El rizoma no se deja reducir ni a lo Uno ni a lo Múltiple. No está hecho de unidades, sino de dimensiones, o más bien de direcciones cambiantes. No tiene ni principio ni fin, siempre tiene un medio por el que crece y desborda… Contrariamente a una estructura que se define por relaciones binarias, el rizoma solo está hecho de líneas de conectividad.” (4)

Vista cenital del Barrio San Agustín. Fecha aproximada 1970. Autor desconocido

En los barrios de favela todo está imbricado como parte de un mismo sistema complejo, y la figura que adopta su conjunto lo hace funcionar asimilando las veces de una única edificación. Infinitos espacios y relaciones dentro de un solo tejido de apoyo, severamente interconectado.

Ahora, si bien es cierto que la estructura material que reproducen los barrios refleja la situación topográfica del lugar, y que a su vez esta cuestión ”favorece” la cohesión del espacio físico, no es sino la conducta social que asume la comunidad, lo que sustenta y cataliza el comportamiento de ese segmento social.

El barrio es ingenio y relaciones. Ingenio, porque que no teniendo un espacio donde vivir, los habitantes del barrio han sido capaces de edificar su propia ciudad, mediante resoluciones astutas, combinando técnicas rudimentarias aplicadas sobre materiales industriales, dentro de un contexto urbano totalmente ajeno, en lugar del campo vernáculo. Y relaciones, porque fundamentalmente todo depende del impulso humano, como la sangre que circula para movilizar el cuerpo.

Desde la perspectiva del geógrafo y teórico social David Harvey (1977): ”Se ha remarcado lo suficiente, que resulta ingenua e injustificada la pretensión, que desde el diseño de ciudad suele sostenerse, de que la constitución desde el proyecto de una morfología urbana, determina de manera automática la actividad social que se va a desarrollar en su seno. Esa suerte de idealismo urbanístico trabaja a partir de la pretensión de que la forma urbana es una especie de sistema conductista, que orienta las actuaciones humanas a partir de reflejos condicionados, de los que la fuente es la disposición de los volúmenes arquitectónicos o la distribución de los elementos de un espacio público. En cambio, sabemos que es otra morfología -la social- la que tiene siempre la última palabra acerca de para qué sirve y qué significa un determinado lugar construido.”(5)

Asamblea en el Barrio Marín. San Agustín. Foto: Nickol Bendek. 2019

En cuestión de 20 años, se vendieron parcelas en todo el cerro de San Agustín de forma absolutamente inverosímil, sin ningún tipo de estructura urbana prevista. Un reparto basado en el interés lucrativo del negocio de la tierra, sacando provecho de la urgencia de sus pobladores, sin reparo de la repercusión que tendría posteriormente en el tejido de la ciudad.

Para mitad del siglo pasado, San Agustín ya presentaba la forma incipiente de un barrio de tugurios topográfico, situado frente a frente con la ciudad moderna en progreso. En este periodo, San Agustín se estableció como un territorio de contención social, escenario de reivindicaciones e intensas luchas vecinales, ante diversos intentos para perturbar su consolidación, afianzando al barrio en su carácter popular y cultural con una notoria presencia propia, firmemente instalada en la huella de la ciudad.

Precisamente, ese trasfondo social proveniente de la relación entre la carga cultural y el tesón afro, la actitud de inventiva resolutiva criolla, la influencia migrante y toda la serie de factores urbanos implícitos dentro del mestizaje idiosincrático, enraizó en el barrio San Agustín, un accionar lúdico, extrovertido y constructivo de la convivencia real. Una comunidad donde la vitalidad de -lo socializante- está presente en cada fragmento del barrio. Al pasar del tiempo, no cabe duda de que en el Barrio San Agustín se instituyó la médula popular y cultural más categórica de toda la ciudad de Caracas.

Con la llegada de la democracia, durante las décadas de los años 60s y 70s, San Agustín del Sur fue objeto de distintas especulaciones re-estructurantes, incluyendo un programa para ser sometida a una operación de ”tabula rasa”, que implicaba vaciar el barrio y desafectar todo el cerro, sustituyendo el tejido autoconstruido por una cadena de torres de vivienda multifamiliar en la base de la montaña, adyacentes al rio limítrofe. Al cabo de los primeros avances con la construcción del -Conjunto Habitacional, Bloques de Vuelta el Casquillo-, se detuvo completamente el plan, una vez que se demostró la inviabilidad para proseguir con el proyecto integral, junto con una resistencia de los habitantes del barrio, dada la imposibilidad de optar a la tenencia de estos inmuebles.

Es precisa la forma en cómo Newton Rauseo (2018), detalla en su investigación: ”…Decreto Nº 548 del 17-02-71 aparecido en Gaceta Oficial Nº 29.441 del 18-02-1971, en donde <<Se declara zona especialmente afectada con motivo de las obras de saneamiento, ensanche y reforma interior de barrios, la superficie de 791.526,08 M² (79,15 Has.), y las bienhechurías en ellas levantadas, ubicadas en la Parroquia San Agustín>>… el Centro Simón Bolívar C. A. contrata la elaboración de proyectos de renovación urbana sobre toda la superficie del Decreto a las empresas: 1) Arquitectos Brons y Hoffman, 1971; 2) Arquitectos Zubizarreta y Montemayor, 1975; 3) Arquitecto Leandro Quintana, 1983; definiendo entre las características del proyecto: reubicar a las familias (2.000) de bajos recursos económicos que deseen permanecer en la zona… El proyecto estipulaba como ganancias sociales para la capital de la República: la eliminación de los ranchos en las colinas más céntricas y su reemplazo por un parque arborizado de 37,5 Has.; la renovación urbana de San Agustín del Sur, convirtiendo una zona en decadencia con usos disconformes y falto de servicios, por conjuntos urbanos armónicos, donde 10.500 familias podrán vivir, estudiar, trabajar y recrearse adecuadamente.” (6)

Barrio topográfico en el sector La Charneca. San Agustín del Sur. Foto: Julio César Mesa. 2016
Conjunto habitacional Vuelta del Casquillo, bloqueando parte del sector El Manguito. Barrio San Agustín. Caracas. Foto: Julio César Mesa. 2016

Los barrios también plantean un fragmento de la metrópolis, diferente a la lógica del ”desarrollo urbanístico”, partiendo de otras circunstancias y formas de convivencia, donde la categoría de lo público está ceñida a todo tipo de intersticios en los que se producen las relaciones más elementales y los contactos diarios, y casi nunca dentro de espacios previstos para este fin. Es común ver como determinados espacios que han sido construidos siguiendo un patrón preestablecido, acaban siendo alterados y adaptados a un modo de vida que reniega de pautas convencionales.

Es así cómo en los barrios, las calles vehiculares no llegaron a tener ni tienen un rol decisivo. El automóvil se mantiene alojado en un lugar periférico, porque los sistemas de comunicación responden a la dinámica de los vínculos concretos y compatibles con la configuración de pequeñas células.

Como parte de estas mismas posibilidades, las construcciones del barrio no se limitan exclusivamente al lugar de refugio, pues además comportan todo tipo de espacios con diferentes destinos estrechamente relacionados, y los elementos que la constituyen, superan su función básica preconcebida, entendiendo que cada componente reúne usos diferentes que se modifican de acuerdo a la forma de habitar y a las circunstancias cambiantes. En los barrios auto-producidos todo es flexible y todo está sometido a transformaciones constantes.

”La arquitectura popular evoluciona a través de la acumulación de experiencias operativas comprobadas. Es un proceso que se desarrolla a lo largo del tiempo, mediante observaciones, búsquedas, ensayos, aportes y mejoras; y en las soluciones predominan los principios de conveniencia, práctica, durabilidad, economía y seguridad.” (7) (Rauseo, 2018).

Casa mutante. Unidad consolidada en el sector La Ceiba. Barrio San Agustín, Caracas. Foto: Marcos Coronel. 2017

Después de todo, vale la pena hacer una revisión crítica y cuestionar definitivamente la hipótesis que aún sostiene una idea fatalista y catastrófica de los barrios, como entornos insalvables producto de las innegables limitaciones, patologías y carencias que presentan, donde la única solución aceptable pasa por un replanteo dramático de su existencia.

Desde una postura radicalmente opuesta, los barrios son ecosistemas activos, siempre expuestos a sufrir nuevos procesos físicos y sociales. Y alrededor de las interacciones que se plasman como parte su propia naturaleza, es posible identificar diferentes espacios de oportunidad, para apuntar en la dirección de categóricas revitalizaciones sobre los elementos que la constituyen, junto con la incorporación de nuevas estructuras regenerativas, reivindicando su vigencia como parte inherente de las ciudad, pero también como uno de los ”sujetos” más determinantes. Los barrios son el futuro de la ciudad.

Analizando la lógica que rige el crecimiento de los barrios, el arquitecto Javier Caricatto (2017) reflexiona: ”Ha sido necesario adoptar una actitud abierta para desmarcarse de aquellas posturas que asocian a las necesidades, carencias, restricciones, pobreza –en ocasiones extrema–, segregación y marginalidad que padecen los habitantes de los sectores populares con la informalidad, entendida aquí como «falta de forma». Al final, detrás de esos factores circunstanciales, se ha terminado por comprender que existe un motor, una fuerza que activa, procesos ingeniosos de producción y formas espontáneas de organización que deben ser valorados y pueden ser utilizadas para detectar coincidencias y establecer patrones que revelen las lógicas internas propias de esa manera de concebir su existencia.”(8)

Bloques de vivienda multifamilar diseñadas por Carlos R. Villanueva a mitad de siglo XX. Urbanización 23 de Enero poblada de barrios de favela. Foto: Madelaine Mendoza. 2019

Pero, si de hecho es factible incorporar otros modelos como parte de su transformación, ¿Cuáles serán los conceptos y metodologías para operar dentro de estos ecosistemas?, ¿Según que formas, técnicas y funciones se establecerán nuevos estándares?, ¿De qué manera se articulan las condiciones para guiar estos procesos?, ¿Quiénes son los actores que estarán sumidos en estos cambios?, son algunas interrogantes que plantea el escenario contingente en los barrios y por consiguiente en toda la ciudad.

Temprano, el más prominente arquitecto de la modernidad en Venezuela, Carlos Raúl Villanueva (1963) señala: ”El ejemplo de una tecnología puede conducir, si trabajamos sin prejuicios, con libertad de creación y sincero espíritu de investigación, a formas y diseños absolutamente insospechados, nuevos, más económicos, vehículos de nuevas formas de vida que correspondan de manera más directa y verdadera al gran salto que estamos tratando de dar.” (9)

Es relevante la forma en que el Barrio San Agustín llegó a convertirse en un paradigma per se, con una importancia sociológica, al igual que urbana, fuertemente apalancada en la construcción de su vibrante tejido físico y cultural. No es imposible que algunas partes de la ciudad, quizás mucho más sólidas y robustas desaparezcan en el tiempo a causa de la pérdida de valor, inutilidad, u olvido, pero San Agustín del Sur, difícilmente regresará al estado silvestre.

Por el contrario, todo parece indicar que este barrio popular, después de un agudo proceso de maduración a lo largo de casi un siglo, ahora es cuando precisamente comenzaría a marcar las pautas de su potencial futuro, para desdoblar nuevas transformaciones sustentadas en la experiencia social acumulada, junto con la intervención de talentos y liderazgos emergentes, donde su conformación tectónica ya prefigura un inmenso campo de experimentación.

El Manguito. Barrio San Agustín. Al fondo las torres de Parque Central. Foto: José Alberto Bastidas. 2016

Si la urbe -Caracas- como organismo total tiene una explicación a partir de la interrelación de múltiples factores, los barrios de la ciudad como agentes particulares dentro de esa gran plataforma matriz, -y especialmente el Barrio San Agustín- juegan un papel preponderante, al momento de aportar buena parte de la carga biológica que conducirá también a la ciudad hacia los cambios urbanos que inevitablemente se aproximan.

Es extraordinario como Villanueva (1963) en pleno auge de su obra, cuestiona el estereotipo de la modernidad, revelando con actitud crítica: ”Las ciudades han dejado de cumplir sus principales objetivos como son los de fomentar y facilitar los contactos y armonías entre los hombres, elevar el nivel cultural y crear en toda su plenitud la felicidad humana. Quizás ellas, sean ya concepto anticuado y tendríamos, necesidad de crear otros organismos que faciliten, y no obstaculicen el contacto social.” (10)

El barrio arruina la narrativa de ”triunfo” de la ciudad moderna consumada impecablemente, irrumpiendo desde la necesidad, para anunciar que -el fin del urbanismo-* aún no ha llegado.

*Sátira de -El fin de la historia y el último hombre-, polémica obra del politólogo Francis Fukuyama (1992) donde sostiene la tesis del último escalafón de los sistemas políticos y de los grandes acontecimientos humanos, a partir del éxito de la democracia liberal, que se impondría sobre todas las demás corrientes, apoyada en la razón científica y la economía.

Este ensayo ha sido elaborado a tres manos, entre Marcos Coronel, Madelaine Mendoza y Nathaly González, como parte de un ejercicio teórico, centrado en delinear nuevos conceptos al rededor de la figura de -Los barrios auto-producidos-, estableciendo un dialogo particular con el Barrio San Agustín de Caracas, e inspirados en la vasta obra científica desarrollada por el arquitecto Newton Rauseo sobre el mencionado caso de estudio.

Marcos Coronel. Arquitecto. Faber. Lecturer

Marcos Coronel (1987) es estratega de políticas urbanas. Arquitecto titulado por la Universidad Central de Venezuela. Forma parte de un movimiento de activistas surgido en los últimos años, dentro de un contexto en el que múltiples organizaciones sociales intentan alcanzar empoderamiento y autogestión. Su trabajo al frente de proyectos de infraestructuras físicas y sociales en entornos al margen de la ciudad convencional, lo ha llevado a crear entidades capaces de soportar espacios de intercambio, sistemas abiertos y libres, estructuras que integran naturaleza, energías y economías culturales en atmosferas de comunidad. Es cofundador de PICO Colectivo. Profesor. Faber. Conferencista.

Madelaine Mendoza (1990) es Arquitecta de la Universidad Central de Venezuela. Cautivada por las relaciones que se forjan al interior de contextos populares, decide encaminar su trabajo artístico a través de la fotografía en función de captar las expresiones sociales latentes en estos escenarios. Ha participado en proyectos de vivienda mínima para asentamientos humanos de Lima, Perú. Actualmente forma parte del colectivo Genus -Laboratorio experimental tecnológico-, donde su experticia asociada al diseño de indumentaria con estructuras plásticas a base de poliuretano, le ha servido para facilitar herramientas dentro de un programa de formación lúdica en barrios, mediante reciclaje y prototipado de impresión 3D. Se considera especialmente influenciada por las ideas y la obra de Teolinda Bolívar.

Nathaly Gónzalez (1994) terminó sus estudios en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV en el año 2020, obteniendo la más alta calificación con el proyecto de grado Detonantes Sociales, Centro Comunitario Pinto Salinas. A lo largo de su carrera ha estado involucrada en el diseño e implementación de -intervenciones terapéuticas- dentro de diferentes comunidades, oficios que le han despertado una sensibilidad disciplinar hacia el espacio público de los barrios autoconstruidos. Como parte de su formación académica, desarrolló una pasantía de comunicación, consumo y diseño sustentable en la Universidad Andrés Bello de Chile. Ha sido Consejera de Facultad en la Universidad Central de Venezuela durante 2019-2020.

Referencias

(1) Rauseo, Newton. (2018). Los pequeños empresarios, la comercialización y los pobladores de los Barrios de San Agustín del Sur. Gestión comunitaria y autoproducción del hábitat popular urbano. Editorial Académica Española, p97.

(3) Rauseo, Newton. (2018). Arquitecturas anónimas. Gestión comunitaria y autoproducción del hábitat popular urbano. Editorial Académica Española, p248.

(6) Rauseo, Newton. (2018). La vivienda Popular: del -rancho- a la -casa-. Gestión comunitaria y autoproducción del hábitat popular urbano. Editorial Académica Española, p262.

(7) Rauseo, Newton. (2018). Las intervenciones puntuales y de renovación urbana del estado que afectaron al Barrio Marín. Gestión comunitaria y autoproducción del hábitat popular urbano. Editorial Académica Española, p117.

(2) Bolívar, Teolinda. (1994). La ciudad-Barrio más allá de las apariencias. Tribuna del investigador.

(4) Deleuze, Gilles y Guattari, Félix. (1980). I Introducción: Rizoma. Mil Mesetas, Capitalismo y Esquizofrenia. Pre-Textos, p25.

(5) Harvey, David. (1977). Urbanismo y desigualdad social. Siglo XXI.

(8) Caricatto, Javier. (2017). Re-diseño de los ranchos del barrio. Trienal de Investigación. FAU-UCV.

(9) Villanueva, Carlos Raúl. (1963). La Arquitectura, sus razones de ser, las líneas de su desarrollo. Textos Escogidos. FAU-UCV. (1980), p45.

(10) Villanueva, Carlos Raúl. (1963). La Ciudad del Pasado, del Presente y del Porvenir. Textos Escogidos. FAU-UCV. (1980), p58.

(11) Fukuyama, Francis. (1992). El fin de la historia y el último hombre. Free Press.

Nota final: A partir del año 2017, Marcos Coronel inicia un estrecho intercambio con Reinaldo Mijares Urbano, coordinador general del Teatro Alameda, promotor del programa ”Marín Guaguancó de Colores” y líder cultural del Barrio San Agustín.
Junto a Rodrigo Marín y Gabriel Visconti, están a cargo de diseñar el proyecto de reestructuración de la Plazoleta del Afinque de Marín, histórico espacio cultural de la comunidad. En el proyecto participan la socióloga Ruth Mora, la geógrafo Nelifred Maurera, al igual que las arquitectas Laura Bastidas y Michelle Isoldi, junto a un equipo técnico del Departamento de Planificación Urbana de la Alcaldía de Caracas.

Rodrigo Marín, Ruth Mora, Gabriel Visconti, Reinaldo Mijares, Marcos Coronel y Nelifred Maurera. Sector La Ceiba. Barrio San Agustín.
Foto: Nickol Bendek. 2017

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